Autor: Juan Carlos Ferreiro Fernández
Llevaba años queriendo hacer un viaje de pesca; y éste, por fin, me decidí. Un grupo de amigos que se autodenomina Pescos sen Fronteiras me invitó a acompañarles en el viaje que iban a efectuar a Austria y Eslovenia. Alberto, Caruncho, Roberto y Santi ―pescos experimentados en truchas europeas―, Jesús ―viajado por muchos países― y yo ―virgen hasta el matrimonio―, conformaríamos la expedición. Grupo variopinto donde los haya, en el que la risa fue el denominador común. Anécdotas como “pasito pasito”, “amigos de la nave del misterio”, “la malladora”, “recargar pilas”, “los ojos de Miss Zala” y muchas más, difícilmente se perderán en el olvido.
A primeros de año empezamos a planificar nuestro viaje. En un primer momento se barajaron diferentes propuestas: Chile, Laponia y Europa Central polarizaban nuestras preferencias. Organizar un viaje para 6 personas con trabajos, situaciones familiares y fechas disponibles totalmente diferentes, da bastantes quebraderos de cabeza, pero tras muchas idas y venidas a mediados de febrero pudimos tenerlo todo bien atado. Como buenos gallegos ayudó bastante el tremendo cocido que nos metimos entre pecho y espalda en Lalín.
Decidimos pescar cuatro días en Eslovenia y tres en Austria. Los ríos escogidos habían sido el Sava, Sava Bohinjka, Sava Dolinka y Radovna en el primer país, y el Kleine Drau y Vellach en el segundo. Para ello contactamos con personal de (http://www.faunabled.com/) en Bled, al que los Pescos sen Fronteiras ya conocían de un viaje anterior, y con el dueño de la Pensión Wute en Austria (http://www.familienerlebnis.at/). A éste no lo conocíamos, por lo que había un cierto aire de aventura en el país alpino. En ambos casos solicitamos alojamiento y zonas de pesca para 6 personas en ríos no repoblados, o en cursos de agua donde la repoblación fuese mínima.
El día 29 de junio amanecería como uno de los mejores de mi vida. Cumplía 44 años, había buena música en el coche, y ya veía en el horizonte el viaje soñado desde hace muchos años.
Llegamos a Vigo y, tras los oportunos saludos, la consabida declaración de intenciones y demás, partimos hacia el aeropuerto. Facturamos el equipaje ―por cierto, nos clavaron 60 aurelios por el cañero que llevábamos― y tomamos el avión para enlazar en Madrid con el vuelo que nos llevaría a Venecia.
Quisimos asegurarnos el éxito del viaje, y aunque perdimos demasiado tiempo en los enlaces ―4 horas en Barajas―, conseguimos que todo el equipaje viajase con nosotros. Esa larga espera la pasamos inspeccionando las cajas de moscas de Jesús, y no creáis que nos sobró mucho tiempo.
Una vez llegados a Venecia, nos desplazamos en coches de alquiler hasta la localidad de Bled, Eslovenia; un trayecto que se recorre en dos horas y media.
Llegamos al lodge a las 3 de la mañana y nos metimos en la piltra, que al día siguiente empezaba “la guerra”.
LA PESCA.
Desglosaré el viaje en tres fases diferentes:
1ª fase: El Summun.
Decidimos iniciar nuestro primer día de pesca en el tramo de Sava Bohinjka que gestiona el States Fisheries Institute. Para recoger los permisos fuimos a la tienda de pesca de Bled. En ella se encuentra todo lo necesario, aunque a un precio alrededor de un 20% más caro que en España. Eso si, prácticamente todo es marca Simms, así que en caso de problema toca “desembolsar largo”. Matej, su empleado, os pondrá al corriente del estado de los ríos, las mejores zonas de pesca, los alojamientos, los restaurantes, os mostrará las fotos efectuadas el día anterior por los guías que tienen contratados, y resolverá las dudas; todo ello con un spanglish muy logrado.
El segundo día decidimos ir al Radovna. Si el entorno del Sava lo creía inigualable, me equivocaba: siempre hay algo mejor. Es un río más torrentoso, con muchísimas posturas diferentes y con una cantidad de peces igualmente espectacular. La librea de sus truchas comunes es la más bonita que haya visto nunca. Si bien el tamaño era algo inferior a las del Sava, sacamos muy buenos y bellos ejemplares. Creo que pesqué otras mil truchas…
Aquello fue un calco del primer día. Además ―permitidme que me vanaglorie―, saqué a ninfa vista “la madre de todas las truchas”: un truchón arco iris que pasaba de largo los 70 centímetros y estaba gorda como un cachalote. ¡Bufffffffff…!
El cuarto día repetimos el tramo del States Fisheries Institute, y como mi ego estaba “algo subido”, decidí pescar casi toda la jornada a pez visto, centrándome más en las tablas lentas y en los pozos. Este día creo haber bajado un poco de los mil peces.
2ª fase: La decepción del engañado.
El quinto día nos levantamos temprano y nos fuimos a Austria. Tras alojarnos y sacar la licencia y permisos, nos dirigimos al río Vellach, donde nos repartimos el coto en tres tramos a fin de pescarlo por parejas. Para no extenderme, diré que tanto dicho río como el Kleine Drau son “una m…”. Pocas truchas, un elevadísimo número de ejemplares repoblados y tímalos sin fuerza me han llevado a tal afirmación. Como colofón diré que nos vino a controlar un vigilante que no podía creerse que hubiéramos venido desde España a pescar en esos ríos. Era la estocada que nos faltaba, así que anulamos la reserva y al día siguiente volvimos a Eslovenia.
3ª fase: El regreso a lo cotidiano.
El sexto y séptimo días volvimos a pescar en el tramo del Sava Bohinjka States Fisheries Institute y en el Gran Sava, en la zona donde confluyen el Sava Bohinjka y el Sava Dolinka. Como en los días precedentes, hubo peces a mansalva.
LOS RIOS.
El Sava Bohinjka: es un precioso río con unas aguas espectacularmente cristalinas. De color verde esmeralda, dirían unos, o de color azul turquesa, dirían otros. Es en todo caso un río magnífico, bordeado por grandes graveras que las lugareñas utilizaban para ponerse a tomar el sol.
El Sava Radovljica o Big Sava: nace de la confluencia de los dos anteriores en el lugar de Radovljica. Es un río anchísimo y despejado, con unas características similares al Bohinjka.
El Radovna:
El Vellach: afluente del rio Drau, es un típico río alpino que en su zona inferior va moderando su pendiente. En muchos tramos estaba muy bajo de agua y con una total falta de obstáculos que permitiese a los peces el poder resguardarse.
El Keine Drau: es un canal del rio Drau que ha sido naturalizado mediante la colocación de obstáculos que hacen que el agua discurra de forma sinuosa. Tras recorrer aproximadamente un kilómetro de río, sólo vi 10 truchas, y 8 de ellas estaban en la misma postura. LAS ESPECIES.
LAS MOSCAS.
Durante los preparativos del viaje mis compañeros me comentaban que las moscas que utilizamos en España eran las mismas que iban a pescar en Eslovenia, y aunque yo tenía mis dudas, he de reconocer que eso es cierto. Aunque haya una gran densidad de peces, no penséis que entran a cualquier cosa; y la presentación, como en todas partes, es muy importante. Hubo momentos en los que he tenido que bajar hasta un 0,10 para poder sacar truchas de buen porte.
Las ahogadas: ¡qué vergüenza: no sé pescar con ellas! Sin embargo, han dado muy buen resultado a mis compañeros.
Las secas: emergentes y efémeras, preferiblemente en cul de canard. Sin olvidarnos de las hormigas, diábolos, griffith gnat, Su Majestad la Red tag, etc, etc.
Lo dicho: lo mismo que en España. Cada una tuvo su momento y su lugar.
El estrimer: ¡agárrense los machos!
CURIOSIDADES.
En el tamaño de las truchas notamos una curiosa falta de ejemplares de entre 20 y 25 centímetros.
Existe la guardería. Todos los días fuimos controlados por ella. Incluso tienen un grupo de 5 guardas para “espantar” a escopetazo limpio a los cormoranes.
Vimos a unos domingueros pescando a cola de rata con una boya (de mosca ahogada) atada al final del tippet. ¿Se les caería el bucle?
Con el barullo que montábamos en el río ―nuestro sigilo, como buenos españoles, brilló por su ausencia―, no se acercaba ningún pescador a nuestra zona de pesca.
Los permisos son carísimos ―entre 39 y 59 €―, aunque, visto lo que se pesca, no sé que decir.
Aquello no es Galicia: no hay una tasca en cada pueblo.
¡Cómo están las mujeres eslovenas…!
LAS CUENTAS.
Siempre es lo más doloroso, pero no queda otra.Avión: 250 €.
Alquiler del coches:160 €.
Alojamiento: 243 €.
Cotos: 365 €.
Licencia austríaca:6 €.
Otros gastos: 336 €
Total:1360 € por persona.
Para que luego digan que una buena gestión de pesca no produce dinero.
LAS SENSACIONES.
Negativas: el episodio de Austria, donde considero que hemos sido engañados por el dueño de la Pensión Wutte; la rotura de tres cañas y la pérdida de unas gafas polarizadas.
Positivas: un entorno inigualable; el agua cristalina; la cantidad de pesca; un buen lodge; el asesoramiento de Matej; la compañía de los Pescos sen Fronteiras y de Jesús, y la cena en Austria ―no todo iba a ser malo en este país―.
Por cierto, no hicimos turismo. No da tiempo.
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