sábado, 1 de junio de 2013

Escapada al Bierzo

Cuadrando cuentas me doy cuenta el martes que el viernes tarde puedo cogerme la tarde para ir a pescar, y no es cuestión de desperdiciar un buen rato de pesca. Empiezo mentalmente a repasar posibles escenarios y de pronto se me ocurre el Valcárcel en el vecino Bierzo. Río de montaña, bravo pero que en su coto de Pereje me había ofrecido buenos ratos de pesca.
Nunca había pescado en el sin muerte y ya era hora de conocerlo. Ante esta situación lanzo el señuelo de ir a pescar y responden cuatro colegas, uno sí, dos quizás que al final no pudieron acompañarnos y uno que fijo que tiene que trabajar y no puede venir. En este caso, al final va a ser Code el que sea compañero de escapada.
Quedamos a partir de las dos y media en mi territorio en tierras de O Corgo en concreto en Mesón Santa Mariña, porque no era cuestión de enfrentarse al agua con el estómago vacío, y además un churrasco excelente, norma distintiva de la casa, te hace ir como las moscas, impregnado en grasilla flotabilizadora que sólo la buena carne de vacuno te aporta y si te caes al río vas impermeabilizado. Lo cierto es que comimos opíparamente y en concreto a mí me apetecía más una siesta que el pescar pero el deber llama. Viaje cómodo, unos 80 km casi en su integridad por la autovía A6 y cuarenta minutos de viaje estábamos a pie de río, aparcando casi a la entrada del antiguo puente de la N-VI. Soplaba el aire y soplaba bien, decidimos que no era cuestión de seca y preparamos las cañas de ninfa y bajando un terraplén  a lo cabra, sin percatarnos que unos metros mas abajo nos esperaba un camino para acercarnos al río, nos ponemos a pescar. Imponderables de ir a un tramo por primera vez. DSC03405Vimos un pescador que iba a bajar y al vernos a nosotros continuó camino río arriba. Nulos resultados y decidimos bajar por un sendero río abajo. El río se puede decir que cómodo precisamente no es, con unos taludes laterales que dificultan sobremanera el entrar y salir del río, y por dentro va con un pelín alto que dificulta un tanto el vadeo. Pero además, Eolo no faltó a la cita y nos arruinaba cualquier intento de pescar al hilo con eficacia, creando tal comba en la línea que elevaba las ninfas más de lo debido y no lográbamos picadas. Resultado muy pobre, una trucha a la mano y muy pocas señales de las pintonas. Eso sí, resbalé en un talud y fui a estrellarme contra un árbol que, impidió que acabara en el río, un buen coscorrón. Ya he dicho que cómodo no es y a los hechos me remito.
Ante la ausencia de resultados decidimos regresar hacia el coche para, o bien ir al sin muerte de Trabadelo o, como fue el caso, pescar por encima de la antigua N-VI, DSC03409y esto fue lo que hicimos, ya que eran las siete y a lo sumo estaríamos una hora larga en el río. Y aquí empezaron a moverse algo más, tuvimos más picadas, yo tuve un buen pepino clavado pero fue mas lista que el pescador, me la jugó y cuando pensé que se iba a descolgar río abajo enfiló hacia una raicera, se enterró y ahí la perdí sin remisión. Este tramo nos resultó más cómodo de vadear y con unas buenas tablas por si se ceban a seca. Vuelta hacia el coche caminando cómodamente por la carretera, ya que como es tramo del Camino de Santiago y para casa.
El río nos gustó. Ni era el día más propicio meteorológicamente hablando ni la mejor hora, lo que transcendió en los resultados bastante escasos si hacemos enumeración exclusivamente de las capturas, pero el río es de configuración diferente a lo que aquí estamos acostumbrados, está relativamente cerca y clamamos venganza. Prometemos volver. Ahhh… además quedamos con ganas de volver a comer de nuevo un buen churrasco en el Santa Mariña antes de otra jornada piscatoria. Si las truchas no quieren comer, ahí estaremos nosotros bien dispuestos a cebarnos a churrasco…

jueves, 30 de mayo de 2013

Dualidades

Aunque me cueste creerlo, en este mes de mayo he ido sólo cuatro tardes a truchas. El primer fin de semana del mes he estado en dos escenarios completamente distintos, antagónicos si se quiere decir así y que me han dejado sensaciones muy, muy diferentes. El viernes, cumplí una promesa que llevaba arrastrando con mi amigo Manolo, la de visitar su río el Iso y de paso conocerlo, al día siguiente, sábado, de vuelta al lote 1 del coto de Foz, pudiendo afirmar sin miedo a equivocarse, que es el sitio más fácil de Galicia donde conseguir una foto con una trucha de dos kilos.
El resultado fue en el primero de los casos media docena de truchas, la más grande palmera y en la segunda unos cuantos reos, un par de ellos notables (hay muy buena entrada) y dos roturas de dos borricas de impresión que me sacaron baking y exabruptos, y se fueron al fondo del pozo sin remisión ni posibilidad de enmienda por mi parte.
Si nos dan a escoger, pienso que todos o casi todos nos decantaríamos por la segunda opción, y sin embargo me ha dejado un sabor más dulce el primer escenario que el segundo. Entiendo que puede causar algo de desconcierto, e incluso se me tilde de mentir como pescador, pero tengo mis motivos

El factor sorpresa

Podríamos llamar así a ese cosquilleo, a ese poner una marca sobre el mapa de conocer algo nuevo. Me encanta llegar a un sitio y pescarlo por primera vez, de no saber qué es lo que me voy a encontrar, si el río es rápido o lento, si tiene grijo o bolos graníticos, etc. es decir, lo primero la conformación morfológica del mismo. Luego adivinar donde pueden estar comiendo los peces si los hay. Por último, la configuración del paisaje.
Y esto me lo ha dado el otro día el Iso. DSC03373Me sorprendió positivamente lo que me he encontrado en el patio trasero de una pequeña ciudad como es Arzúa. Me he encontrado para mi sorpresa un río montaraz, con bastante pendiente, un territorio de mil y una posturas en vez de un reposado río de llanura fluyendo entre prados. Ese tipo de río donde ahora mismo un trico de ciervo al mediodía seguro nos dará capturas sobre todo cuando los rayos del sol logren incidir sobre la lámina de agua, celosamente protegida por los cerros circundantes, y envueltos estos en un bosque típico de ribera que hacen que te sientas aislado, sólo en tu mundo, envuelto en pesca y sólo pesca, sin que exista un mundo exterior. El único nexo de unión con nuestro entorno cotidiano será el reloj, salvo que tengas como fue el caso, toda la tarde y que las horas vienen marcadas por sol ayudado por la propia pendiente de las cerros, que, al declinar el astro rey se reserva en sus altos la luz existente y llena de sombras el cauce y pone punto final a la jornada.
Truchas me ha dado la impresión que sí tiene, porque picadas he tenido y muchas, pero por mi impericia, y, sobre todo ese empeño que tenemos últimamente de pescar a perdigón y sólo a perdigón despreciando la seca, creo que ha jugado en mi contra. En resumen, experiencia muy, pero que muy positiva, y sin duda un escenario a tener en cuenta.

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Más de lo mismo en el Ouro

Llevo pescando el lote 1 del Ouro unos cuatro o cinco años más o menos, y casi estoy en condiciones de afirmar que no hay sitio en Galicia donde tengamos más fácil coger una trucha (o reo) por encima del kilo. Alguien puede pensar en el paraíso… bueno, para gustos están los colores. El problema viene dado porque aunque el tramo son 2,9 Km realmente nos concentramos en 20 m de río. Sí, no hay error en esta aseveración.
DSC00716El punto caliente se sitúa a la salida de la piscifactoría que hay junto al coto y es en esta corriente donde tenemos casi todos los números para clavar una buena trucha. Unos trescientos metros arriba y abajo de este punto también lograremos buenas capturas. Luego, impresión mía y de amigos que también lo han pescado, baja bastante la densidad y lo cierto es que muy pescado, al menos por los titulares de los permisos, no está, aunque me da la impresión de que este coto está bastante furtiveado La guardería, supongo que bien gracias. Yo jamás la he visto...
Es decir, todas las veces que he ido he clavado y siempre en los mismos puntos, con lo que el factor sorpresa se diluye, vamos a tiro hecho… y al final casi diríamos que aburre, es repetir lo mismo año tras año. Me recuerda un poco a la escena de Atrapado en el tiempo, donde Bill Murray se despertaba una y otra vez en el mismo lugar… y una y otra temporada allí están y allí las clavas.

¿pero que queremos entonces?

En lo que a mí concierne, me agrada mucho descubrir lugares, y que esos escenarios se den bien o mal ya depende de muchos factores, pero ante peces suficientes para entretenernos y más si logramos una o varias capturas de mérito será miel sobre hojuelas. Lo demás será un balance puramente “matemático”, tantas truchas de tantos kilos, o muchas truchas, que parece más un tema de competición que de pesca por placer…no es lo mío cuantificar en un simple cómputo una jornada de pesca, como si se tratara de una operación mercantil, despreciaríamos todos los factores que dotan nuestra actividad de cierto halo romántico. De hecho, y como muestra de mi desinterés, a partir de la tercera o cuarta captura suelo perder la cuenta, memoria de pez… Para mí una jornada de pesca es un computo de sensaciones, de entorno, de estar bien con uno mismo y de obtener capturas, de volver plenamente feliz a casa.DSC00721
Aunque también entiendo el ir a pescar a la Pequeña Nueva Zelanda (Alejandro dixit). Una o dos veces por año nos venga bien una jornada en el Ouro para afirmar nuestro ego de pescador e incrementar nuestro repertorio de anécdotas para ufanarnos ante nuestros contertulios, a pesar del entorno del punto en concreto donde concentramos las capturas, tan poco idílico, con la piscifactoría al lado y con malos olores (hay que decir en descargo del río que en general, se trata de un cauce bellísimo y con un color característico de sus fondos que le da nombre), sacrificando belleza por resultados. Sí, he obtenido buenos resultados en este tramo, pero aún nunca he llegado plenamente satisfecho de sus aguas, y dudo que lo haga alguna vez, no me deja margen ninguno a la sorpresa.

sábado, 18 de mayo de 2013

El orden es lo que tiene…

Ya hace unos días que no escribo. El motivo es que, otro año más y van…, me ha vuelto a pillar el toro de la improvisación al planificar la temporada.

Al estar en plena temporada, con alguna que otra escapada al río, es después de cenar el único rato que podría disponer para escribir unas letras en el blog, pero surge otra necesidad, también tengo que hacer moscas. Ahora mismo temo una eclosión de efémeras porque mi único stock de secas son los restos de las cajas que sobró de la temporada pasada, y ¡qué podía esperar! Abro una caja y fácilmente me puedo encontrar un escarabajo montado en un anzuelo con muerte en el ocho en una fila con hormigas en un veinte sin muerte, adyacente a los tricópteros usados y con el tejadillo doblado y casi prefiero no seguir…

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Labores de mantenimiento

Sinceramente tengo una gran envidia de aquellos pescadores que una vez terminada la temporada hacen un buen mantenimiento del equipo, con lo cual al inicio de una nueva temporada tienen su equipo a punto y como nuevo. Paso a enumerar la teoría, que sí me la sé de carrerilla, pero no la cumplo.

Lo primero sería reparar los pinchazos del vadeador, y ver por dónde entra agua. Comprobado su estanqueidad procedemos a lavarlo en la lavadora, secarlo convenientemente y lo guardamos

El chaleco, vaciaremos los mil y un archiperres que llevamos colgados y la infinidad de objetos de lo más variado que moran en los bolsillos, y que al verlos fuera delante nuestro sin duda nos sorprenderemos de la cantidad de peso inútil que portamos. Pues también a la lavadora e igual proceso que el wader.

Botas, un buen fregado con un cepillo adecuado para eliminar los restos de barro, cambiaremos la suela si es menester y después de limpias una revisión ocular nos indicará si hay algún punto en que se empiece a descoser. Si es así, estamos ante unos meses de inactividad que nos permite acudir al zapatero a que nos las cosa convenientemente y sin meterle prisa.

Cañas, no estaría mal un baño de las mismas con agua y jabón neutro, y con un cepillo de dientes limpiar a conciencia las anillas. Secar y guardar

Carretes, limpiar en seco con un cepillo de dientes y engrasar el mecanismo

Líneas, baño en agua y jabón neutro (yo utilizo Norit, el del borreguito), secamos bien y aplicamos un producto específico según se trate de sintéticas o de seda. Guardaremos en un contenedor que nos permita enrollarla en espiras amplias para que no cojan memoria

Cajas, lo ideal sería vaciar su contenido y dejarlas secar al sol para retirar cualquier resto de humedad. Un truco que empleo con las cucharillas para evitar el oxido sería espolvorear una capa de polvos de talco, para que seque o, si las guardamos cerradas introducir en ellas unos granos de arroz, para que absorban la posible humedad

Hago memoria y recapitulo mis actuaciones en labores de mantenimiento y el grado de cumplimiento es ¡Absolutamente ninguno!

 

Reponiendo el stock de moscas

Hay dos corrientes.

La versión previsora en la que sabemos y confiamos en los patrones que tenemos establecidos, nos fiamos de nuestra experiencia adquirida en las horas de montaje y de río y al tratarse ya modelos probados pues lo que vamos a realizar es la producción “estándar” de una mosca. Más que de imitaciones prefiero hablar de patrones, variando simplemente colores.

Hay una segunda versión que la he oído comentar a otro grupo de montadores-pescadores y es la siguiente. Al finalizar la temporada y al desconectar de la misma se produce cierto relajo incluso a nivel cognitivo. Esto hace que una vez que volvemos a la mesa de montaje nos imaginemos la mosca un poco diferente a como en realidad es, en especial al tema de dimensiones del tamaño del cuerpo o la longitud de alas y cercos. El montar las moscas en temporada, defiende este grupo, hará que adquiramos una noción más exacta de las proporciones. Como muestra propongo un ejemplo; en el torno confeccionamos una efémera, puestos en el río capturamos un ejemplar vivo y nos daremos cuenta que con toda probabilidad el grosor del cuerpo de nuestra imitación es cuanto menos el doble que el de la natural.

DSC03167Añado yo como apostilla que esta teoría será enfocada a las secas, porque ahora mismo con la moda de los perdigones, todo se reduce en dar la mejor conicidad posible al cuerpo

Y ahora pensamos ¿Cuántas? Mi opinión, el número que considero adecuado es la media docena en aquellos modelos probados y que vamos a utilizar, salvo aquellas moscas indispensables en la que tenemos una fe ciega que, suelo llevar en las cajas una docena pero dispongo de repuesto en casa, caso de tricópteros, hormigas, etc. Para probaturas, creo que con tres moscas es más que suficiente. El problema viene dado, en mi caso, y casi afirmaría que en general, las probaturas las realizamos cuando no hay actividad, casi en busca del milagro y acabamos pescando siempre con las mismas moscas; es ver una ceba y rebuscar en la caja a por nuestra mosca fetiche. Con lo cual, esos “experimentos” que llegan a nuestro conocimiento vía revistas, foros o cualquier otro medio incluido el boca a boca del tipo “la emergente perfecta”, “el montaje definitivo”, el Armagedón hecho mosca, suelen acabar arrinconadas en nuestras cajas puesto que a la hora de la verdad, cuando delante nuestra tenemos un cebadero nos falta un elemento esencial que debe tener un montaje, una generosa capa de nuestra confianza, el ingrediente mágico que hace pescar. Esto nos lleva a una combinatoria que será caótico para nuestras cajas, por falta de espacio en las mismas, desorden mayúsculo para usar a lo sumo un cinco por ciento de lo que portamos y moscas acumuladas sin uso durante temporadas.  Y no nos pongamos tiquismiquis con el tema de la imitación exacta porque entonces sí que no existe el final de este túnel. Pongamos una efémera y tres tamaños, 16-18 y 20, con exhubia o cercos, con hackle clásico, parachute, comparadum de cdc o de ciervo… resulta que para un bétido nos salen ¡24 moscas! Y no toquemos el tema de los colores que si no…

Resultado, tres cajas con cuatro caras y a lo sumo una docena de moscas aprovechables por caja. Solución teórica (que obviamente tampoco ejecuto) abrir la caja, mirar como si estuviésemos delante de una eclosión y qué mosca elegiríamos. Bien, pues lo que reste en las cajas seguro que es lo que nunca atamos en el terminal y lo recomendable sería retirarlas de las cajas para liberar espacio en las mismas, además, seguro que todos tenemos un amigo que, porque no le gusta o no monta, aceptará de buen grado estas y les dará el uso y la confianza que nosotros les negamos y nos proporcionará información sobre su eficacia.

Mi propósito es a día de hoy, vaciar las cajas y proceder a una ordenación de la manera siguiente Caja uno; tricópteros de pluma, tricópteros de ciervo y la otra cara atractoras tipo double wing; Caja dos Efémeras; Caja tres: terrestres Escarabajos y hormigas.

Esta es la teoría, ahora llevarla a la práctica… permitirme que dude de mi capacidad para plasmar de modo real el párrafo anterior. Como me suelen decir con bastante sarcasmo “el orden es lo que tiene”

domingo, 21 de abril de 2013

Sí se puede…

Aunque en la entrada anterior la loaba, todo cansa y ya andaba un tanto harto de la mioca. Lo de rememorar los orígenes está bien, pero a mi ya me  empezaba a aburrir esta técnica. Cuando ya la he utilizado y pescado con ella unos cuantos días, ya no me motiva tanto ni me empuja cara al río, me resulta repetitiva ya en su conjunto. Es por ello que dos tardes que sí podía ir hasta el río, una la dediqué a una sesión de montaje, y otra a otro tipo de cañas. Además para acabar de rizar el rizo el sábado pasado partí mi caña “tuneada a mi manera” y tuve que pescar estos días con una de acción “bolognese” que, para mi significa que dobla como un chicle y no me encuentro cómodo pescando con ella . Decididamente no me gusta en acción de pesca.

DSC03348El caso es que una semana con el anticiclón puesto y con un sol primaveral que atempera el ambiente, hace explotar un esplendor primaveral en plantas y animales, engalanando ya los cauces con los vuelos de efémeras y tricópteros. Hizo asimismo que los ríos bajasen el caudal que días atrás acariciaba el borde de las tierras aledañas al río; que aclararan las aguas y que empezaran a dibujarse en el cauce posturas donde es probable que una trucha esté aposturada a la espera de una ninfa para llevarse a la boca. Ya se dejan pescar, no con comodidad, pero sí se puede…

Aprovechando que mi familia tenía compromisos a primera hora de la tarde, comimos temprano lo que me permitió llegar al río sobre las tres y media… y estaba alto pero bonito, y ya sin las polarizadas se veían los cantos rodados. Hoy era día de pescar a mosca. Hoy no era como en marzo que con río muy alto puse las ninfas por obligación con nulo resultado. Nada más ponerme el vadeador, el mismo de días atrás, la sensación era diferente; hoy soy mosquero.

Había otro motivo un poco especial… hace una semana me llegó una Flextec Streamtec 10’ de línea cuatro, –no, no es aquella que le dediqué un articulo anteriormente, esa es línea tres- conseguida bastante barata en una subasta en Ebay. Tenía también ganas de testar su comportamiento. Y las moscas, hechas con tanto mimo y rellenas de esperanza; de comprobar sí el peso de la bola era el correcto o no, en definitiva, la sensación de primer día de colegio, pero de cuando deseamos reencontrarnos con los amigos, de comenzar.

Y para el río ya

Tanta ansia que una vez cambiado, até tres ninfas, abajo la negra en un 14, una pheasant tail en un 16 y un palmo mas arriba una gasolina en un 18, y al primer lance aguas arriba… clavo una truchuca de unos 15 cm, que sale volando y se pierde a unos escasos dos metros de donde tengo los pies. En la misma postura revuelco otra y tengo dos picadas más. Primera sensación de la caña, es más blanda que la Xp pero se defiende de sobra con las tres ninfas, las pongo donde quiero. Eso sí, le cuesta más despegar las truchas que la referida Xp.

Lo malo de encontrarnos en un tramo de río que no conozco es que he tenido que bajar caminando y buscando posturas. DSC03345Lo positivo, el tramo en cuestión está circunvalado por un paseo con lo cual, el caminar río abajo observando dónde podía pescar lo hice con una tremenda comodidad. No era un chalkstream pero es muy fácil acceder a las distintas zonas de pesca. Como siempre y después de pescar un pozo del que obtengo varias picadas sin captura, voy viendo que para variar, no es que tenga mejor pinta la orilla contraria, es que por la que voy no se puede pescar. Encuentro un puente y cruzo y comienzo a subir, despacio, dejando derivar las ninfas hasta las ventanas que se abren en el cauce que nos indican que la velocidad del agua amaina en ese punto. Y ahí es donde voy obteniendo las picadas y las capturas, no son de gran tamaño, pero sí me sirven para comprobar que la caña sujeta bien los peces. Flexiona lo justo y los mantiene bien. Mantuve dos peces contra la corriente jugando con ellos y aún haciendo las cosas mal adrede no perdí las piezas.

Y el céntimo que nos faltaba para el euro

El tramo en cuestión tiene un pero, que tiene una fantástica cobertura de móvil a pesar de ser casi una garganta. Suena el móvil, atiendo la llamada y al retornar al río me quedo corto con lo que necesito un metro más allá las ninfas para llegar a la postura, me recoloco, me resbala el pie que se va hacia el centro del río y culada. ¡ya está! ¡ya nos ha bautizado la temporada! Primera caída al río. No ha sido mucho. Me pongo en pie rápidamente, pero es como un premio de la tómbola, sabes que algo te ha tocado pero no sabes todavía si es mucho o poco. Unos segundos más tarde comienzo a sentir esa sensación nada placentera del agua cabalgando en pos de los calcetines, deteniéndose un momento ante el cinturón para a continuación atacar por los flancos, afectando de soslayo ciertas partes pudorosas y la prenda que las cobija, y que por ende hará incómodo el caminar. Mientras el grueso de la intrusión acuática a lo suyo, conquistando sin remedio los calcetines.

DSC03350Pues de mojados… al río de nuevo. Estoy cerca del coche y quedan unas cuantas posturas, que alguna trucha más va saliendo aunque de pequeño tamaño, entre ellas el “monstruo” de la imagen, que casi es mas grande la ninfa del 14 que la captura..

Al final buena tarde de pesca, reencuentro con esa esencia de mosquero, con muchas sensaciones, buenas y malas, de ir cogiendo el tiento, de nuestra sapiencia que ha vuelto para crecer un poco más esta temporada . Sólo resta otra faceta, que mañana acudirá a su cita, la pesca en compañia de los colegas, con comentario de los lances,  de chanzas de ver pescar al amigo y el ansia de no ser menos que mi compañero.

 

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Pero lo importante es que ya si se puede… pescar a mosca

sábado, 6 de abril de 2013

Cuando el río suena…

No para de llover. Según he oído en la radio acabamos de dejar atrás el mes de marzo con más precipitaciones desde el año 1947, lo que hace que los ríos vayan henchidos, con una corriente de agua como hacía años que no se veía.

DSC03291 Agua que es vida, agua que hace que tenga el río un murmullo que apaga ruidos de la civilización, hace que no se oiga el rumor de la autovía lejana y sí la música del rabión que comienza en la presa. Agua limpiadora de los desmanes humanos, que en forma de espumas cubren los bordes de los remansos y portadora del ciclo natural de vida y muerte de la vegetación de ribera, como la plaga de nuestros abineiros que, muertos y secos navegaban en las crecidas como barcos fantasmas hasta varar en alguna presaDSC03289.DSC03287

 

Agua que remueve  las raíces secas de los árboles muertos, erosionando la tierra y que conformará una nueva línea de ribera que será colonizada por otras especies vegetales o nuevos miembros de la flora existente.

Al fin y al cabo, me alegra ver así nuestra cuenca hídrica en el mes de marzo y abril, no al escuálido cauce del año pasado, que sí, para pescar a mosca era caudal ideal, pero no era lo que los ríos demandaban. Ver la lámina de agua que anega los prados aledaños, que los cubre durante jornadas enteras, mientras el centro del cauce semeja un punto inaccesible a nuestros señuelos e imposible para que un pez pueda encontrarse cómodo me produce la misma sensación que cuando veo madurar mis cerezas, no sirve aún pero lo que me espera puede ser aún mejor. También y pensando especialmente en el salmón hay agua de sobra para que los zancados puedan bajar al mar con comodidad, sin acumularse como hace unos años en la presa de Piago Maior y otros puntos similares de los cauces salmoneros, y que a su vez los vernales y abrileños puedan subir a los pozos superiores.

Agua benefactora, que engorde los manantiales, y que nos sostenga a los ríos durante el estío con más porte del que presentaban estos años

 

¿y los mosqueros?

Utilizando un símil los mosqueros ahora mismo somos como los abineiros, arrastrados por el agua y depositados donde el cauce del río nos conduzca. Los más optimistas , intentando de modo terco encontrar un remanso donde se pueda tirar nuestras ninfas con la esperanza de buscar la compasión de una trucha despistada, o intentar la siempre arrinconada pesca con el estrímer; los más prácticos, quedándose en casa, rellenando las cajas con las moscas que cubrirán el resto de temporada.

A mí se me abre una nueva vía, que no es que esté muy bien vista por el colectivo “mosquero”, pero que a mí me gusta y me llena. Ante este escenario he hecho lo que hice toda la vida, rio alto y revuelto, pescar a lombriz, o como he llamado toda la vida, a mioca.

DSC03304Parece que desde hace unos años o te haces mosquero o perteneces a una casta inferior. Nos gastamos un aire de superioridad basado a mi entender, en la cantidad de dinero que  hemos invertido en caña, carrete, vadeador, complementos varios, todos obviamente de marca (y cuanto más cara mejor). Este dinero de algún modo hay que compensarlo, y de manera subconsciente nos carcome las entrañas que algo tan básico como una caña, hilo, plomo y anzuelo y un bicho que podemos encontrar en la huerta pueda sacar más truchas que nosotros con nuestro carísimo equipo.

Por otro lado nos hemos convertido en paladines de la pesca sin muerte, como si la figura del mosquero fuese unido al captura y suelta, cosa que no siempre es así. Cierto que la gran mayoría de pescadores que practican el captura y suelta (yo me aventuraría a decir que más de un 90%) pertenecen al colectivo mosquero, aunque también hay bastante “depredador” y que no perdonan ni una, por mucho Simms que les adorne. Convenimos entonces en que la generalización es mala. Cierto es que, por parte de los mioqueiros se aprovecha un poco de las circunstancias especiales del río para “intentar sobrepasarse en el cupo” pero también hay gente cumplidora de las normas entre los ceberos. Otra leyenda entre los mosqueros es que el cebo natural la trucha traga muy al fondo y se le destrozan las agallas. Bueno eso será si el pescador quiere. También me tiene ocurrido de tener que desclavar ninfas en las agallas. Las técnicas no son mejores ni peores, somos los pescadores los que las hacemos buenas o malas.

 

Descripción del pecado

Básicamente, y aunque todos en alguna ocasión cuando comenzábamos hemos pescado al “quieto parado” es decir, tirar la caña en un remanso del río a esperar a que piquen, a pesar de lo que pueda parecer, la pesca a mioca es una pesca bastante técnica. Resumiendo se basa en colocar la lombriz allá donde intuimos que pueda estar aposturada una trucha a la espera de comida; ¿acaso si hago una descripción de la ninfa a polaca o con un tándem no sería lo mismo?

DSC03306En las grandes crecidas de estos días con los ríos por los prados, buscaremos esos remansos donde las raíces de los árboles rompen la fuerte corriente y crean zonas de depósito de aluviones, entre este material que transporta el río, aportará anélidos, que con la lluvia han salido a la superficie y se han visto arrastrados por el agua hacia los cauces . Ayudados por unos plomos que nos permitan controlar la línea depositaremos el cebo que iremos guiando al son que nos marque los remolinos de agua, buscando esas zonas de depósito, e iremos guiando nuestra línea intentando adaptarnos a las distintas venas de agua para dejar que la mioca sea vista por la trucha y esta la coma. En ese momento vamos a sentir un toc, toc que recorrerá todo nuestro cuerpo, muy bien definida por nuestros vecinos franceses que la denominan pêche au toc. Después de tantos años soy incapaz de decir si se siente en el dedo, la mano en la cabeza o donde, lo cierto es que esa sensación de cuando pica un pez es muy, pero que muy plausible.

Cuando el río baja un poco, seguiremos las líneas de corriente, intentando lanzar el cebo más hacia el medio del río y haremos correr el cebo ayudados por el empuje de la corriente sobre el hilo. Fundamental el control que aportemos a la línea, ni mucho para que tense y nos eleve el cebo, ni poca para que no camine éste y se nos enrede en cualquier parte del fondo. Y creerme que no es ni mucho menos fácil. Esto sólo lo conseguiremos perdiendo una buena cantidad de plomos y de anzuelos, es fruto de horas y mas horas de río.

Un ejercicio de añoranza

La mioca tiene para mi otro componente sentimental difícil de disociar de su práctica. Soy sin duda el mejor mosquero de mi pueblo, también el único, que todo hay que decirlo. Me siento como un pionero, y me ven como un bicho raro. Eso de meterse en el agua y subir río arriba y con ese sedal de color chillón tan grueso no es que precisamente esté bien visto por el resto de pescadores locales… Igual se puede decir de la rapala, “invento” relativamente reciente que todavía no dispone de una segunda generación de pescadores.

Con la mioca es distinto,más digámoslo así “tradicional”. Hay hasta sagas de mioqueiros, que han ido transmitiendo sus conocimientos y su saber a hijos y nietos, es un enganche intergeneracional. En mi caso concreto, es una pesca que podemos pescar a la par, en igualdad de condiciones mi padre y yo, el alumno intentando superar al maestro, y mi padre sentirse pescador de igual a igual ante el moderno de su hijo.

Es un rebuscar en el baúl de las añoranzas, de poner el cebo en esa postura o como de pequeño me aprendieron a decir, en esa “armada” donde siempre picaba la trucha o esa corriente del prado de fulanito que siempre resulta productiva a río lleno. De ver cómo va modificándose el perfil de las orillas o de cómo el rio ha erosionado ese talud que ha desecho la armada. De reencontrarme con el escenario de mi primer coto, de los lluviosos días de abril en el Navia y de aflorar en mi memoria evocaciones de los locales donde expedían los cotos frecuentado por pescadores con las botas Gaviota apoyados en la barra del bar ¡tantos recuerdos! Recuerdos con pátina de añoranza; en cambio la mosca ya lo asocio más a internet. Son muchos años ya de mioqueiro con muchas alegrías y numerosas decepciones. Y todavía los años de mosquero son todavía pocos para tener añoranzas.

viernes, 5 de abril de 2013

Sorteo cotos de reo en Asturias temporada 2013

Pues aunque no lo parezca todo tiene su fin. DSC01324
En este caso después de casi ocho meses desde que se abren los plazos para participar en los sorteos en las distintas comunidades el bombo ha dado la última vuelta por este año en el sorteo para reo en Asturias que se ha celebrado ayer

El número agraciado ha sido el 868

Con lo cual hemos finalizado por esta campaña el estar pendiente de números y de conjeturas a ver qué nos deparaba la suerte. En mi caso, números regulares que no me permiten tener más que como coto estrella La Figal en julio. En fin, otro año será…

jueves, 28 de marzo de 2013

Cuesta abajo y sin frenos

Comenzó la temporada, los ríos van llenos de agua como hacía años que no los había visto. Hoy sin ir más lejos apenas pude pescar porque el río iba anegando las riberas. Luce el verde de los prados de manera espectacular y la lluvia, ora unas gotas ora un chaparrón ponen telón a un fondo de nubes oscuras que cubren el cielo…

DSC03280Y nubes más oscuras se ciernen sobre la pesca aquí en Galicia. Yo ya he perdido toda esperanza con respecto al futuro que nos aguarda. Mi pálpito no puede ser más pesimista, en dos lustros no vamos a tener ni un pez que llevarnos al anzuelo. Y los hechos van corroborando mis peores augurios.

Somos unos 2.800.000 habitantes en Galicia y hay expedidas unas 60.000 licencias, es decir nuestro colectivo representa el 2,15% de la población. Somos una minoría, y una minoría que tampoco constituimos ningún lobby que pueda presionar a la administración, que a mi modesto entender creo que existe un status quo de dar lo que pidan y que no alborotemos más de la cuenta. Esto conlleva a una cierta posición de inmovilismo, de hacer lo mismo desde décadas atrás, de prácticamente calcar las normas desde hace años.

Y luego como cada uno de los 60000 somos los mejores pescando, y tratamos de llevarnos a casa absolutamente todo lo que se mueva en el río. Los últimos ejemplos ha sido la noticia de una “trucha” especial, aquí tenéis el enlace a la noticia trucha en Mondariz publicada en  Faro de Vigo. Bien, luego el pescador va y se anuncia en una web de compra venta pidiendo 300 euros por el pez, con el siguiente resultado, el salmón ha sido decomisado (http://www.lavozdegalicia.es). Pues bien, por las redes circulan dos fotos de dos zancados más, aunque no han sido tan explícitos, y nada se va a poder hacer, salvo lamentar la captura de dos zancados.

Esto demuestra o bien la ignorancia del colectivo de pescadores, que lo de las normas parece ser que están redactadas para que la Xunta edite el libro famoso a principio de temporada, no para leerlas y menos para cumplirlas, o por contra, que llevamos el furtivismo grabado a fuego en nuestro ADN. Eso o decir que nuestra cultura medioambiental está bajo mínimos

He escuchado muchas veces cantar las alabanzas de ese fantástico pescador que ha cogido tres o cuatro cupos, de pescatas de truchas que no dan la medida pero que “son las que mejor saben”, de pesca en vedados o sin muertes, incluso niños de corta edad en los sin muerte con una cucharilla y la cesta, ya preparándose a conciencia desde la mas tierna edad. Y lo malo es que esos “personajes” son vistos como héroes cuando lo proclaman a los cuatro vientos desde el púlpito de la barra de la taberna del lugar. Me recuerda en cierta forma, lo que no hace mucho tiempo ocurría con los pirómanos, hasta caían simpáticos. Hoy en día, afortunadamente, un pirómano se le ve como lo que realmente es, un vulgar delincuente. Pues bien, esa figura a día de hoy no existe en la pesca. El que cumple las normas resulta que es el tonto de la película. No hace mucho me contaba un conocido que había cogido veinte truchas cuando el cupo era ocho. Ante mi reproche a su acción se me justificó diciendo “hombre, sí me he pasado del cupo, pero eso se compensa con los días que no llego al cupo”. Encima en vez de buscar el reto, son pescadores de fortuna…

Y ante esto, ¿le veo solución? pues… sinceramente no. A mi entender mientras no tomemos conciencia de que estamos expoliando un recurso, de que nos estamos cargando algo que va a ser irrecuperable, no haremos nada. Y aquí cargo las tintas sobre la Administración, como el colectivo de pescadores no somos capaces de autorregularnos, tendrían que ser los poderes públicos los que regulen y de manera restrictiva. No es de recibo que tengamos en general el cupo más elevado de España (10 truchas) y de unos míseros 19 cm. Aquí es donde algunos me dirán que las truchas en Galicia no crecen mucho ¡claro, si no las dejamos que lo hagan! las capturamos con 19 cm y menos. A mi entender, el cupo debería ser mucho más restrictivo y la talla mínima elevada. Luego debería prevalecer la especie más amenazada. Si en un río hay salmón, no se debería abrir la trucha hasta asegurarnos que hayan bajado todos los zancados,

Pero podemos tener una regulación fluvial excelente, que por lo general no la cumpliremos. Para eso debería la guardería fluvial, Seprona y Policía autonómica intensificar la vigilancia y aplicar una política de tolerancia cero, del que la haga que la pague, te llevas una trucha sin medida, págala, te has pasado del cupo, paga. Lograríamos además saber que “andan cabrones” y nos llevaría inconscientemente a limitar nuestro instinto depredador por miedo a que nos pillen, a modo de ejemplo lo de la Dirección General de Tráfico; Radares, controles de alcoholemia, etc., ha hecho que moderemos muy mucho la velocidad y que ya no bebamos si vamos a conducir. Algo así pido yo para los ríos. Me llegaron rumores de que en cierto puesto de la Guardia Civil ha llegado un sargento nuevo, que es pescador, que ha avisado que va a vigilar en serio el río y que iba a ser duro… pues hasta los espabilados que moran a bastante distancia de este punto andan con la mosca detrás de la oreja y este año aún no han asomado el morro por allí, y eso todo obra de Radio Macuto

Por último, un palo a las Asociaciones de pescadores, que salvo honrosísimas excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano, solamente buscan una concesión administrativa y hacerse con cuantos más cotos mejor y que, ajenos a la “sociedad” vengan a pescar cuantos menos pescadores foráneos mejor, para que podamos hacernos nosotros con los permisos (y por ende machacar y aniquilar nosotros, los de la sociedad el coto que tenemos concertado). Ni hacen por lo general una labor educativa, ni ante estos personajes tienen el cuajo suficiente para expulsarles de socios, ante el incumplimiento de uno de sus miembros de las normas que regulan la pesca.

Este es mi punto de vista. Apocalíptico puede parecer, pero lo siento así. Mi pregunta es cómo haré para enseñarle a pescar a mi sobrina que ahora tiene tres añitos. No le auguro mucho futuro como pescadora.